La antena, de Esteban Sapir. Sobre el discurso, el pensamiento y la manipulación

Escribe Silvina Landriel

desert200565@hotmail.com

La antena (2007)  nos cuenta la historia de una ciudad entera sumergida en el silencio: nadie posee voz, ya que ésta fue robada. Sin embargo, la vida de sus habitantes parece transcurrir normalmente disfrutando del placer que les brinda el entretenimiento pues ignoran las malas intenciones que impulsaron tal hecho. Lo que sí se conoce es quién es el poseedor de tan preciada facultad: el Sr. Televisión.

Este personaje, que caracteriza la ambición de poder y la imagen del dictador, es el dueño de los medios de comunicación, por sobre los que prevalecen la influencia de la televisión y la dispersión que propicia la música. Utilizando estas vías para ejercer cierto dominio y control sobre los habitantes de la ciudad, el nefasto Sr. TV, pretende dar un paso más allá para lograr su objetivo: el conflicto principal de la historia se presenta cuando este personaje pretende apoderarse de las palabras, lo que sometería a la gente a perecer en un profundo sueño.

La antena es una metáfora acerca de la importancia de la voz como discurso. Ésta es la que nos permite manifestarnos como individuos, nos brinda la posibilidad de comunicarnos, intercambiar opiniones y construir un pensamiento. Cuando la capacidad de la voz es sustraída, lo que se prohíbe es la capacidad de interactuar con el otro, sometiendo al individuo a sumirse en el discurso impuesto, único e impersonal. Lo que se obtiene de ello es una masa homogénea manipulada por una única voz/discurso. El individuo subsiste, pero se resquebraja la identidad de la sociedad.

Cuando el plan llega a dar su segundo paso —el desarraigo que sufre la ciudad de las palabras— se puede leer en tal hecho la intención del Sr. TV de imposibilitar a los habitantes de la posibilidad de desarrollar un pensamiento propio, ya que se niega la capacidad de discernir, de razonar. La idea está claramente representada cuando la ciudad cae en un profundo sueño: sólo el que piensa es el que ve y el que sabe: es quien está despierto. Aquí lo que cae es el individuo en sí mismo, lo que se establece es un estado de inanición.

Como conclusión de todo este proceso, en primer lugar, se debe valorizar cuál es el peso que tiene la voz/discurso en tanto instrumento de comunicación dentro de la masa social. El discurso de cada uno, canal de nuestro pensamiento, es el que nos realiza como individuos dentro de la sociedad. Por otro lado, el construir un pensamiento propio —más allá de las ideologías— es el que nos constituye a partir de nuestra perspectiva de la realidad como seres únicos. La importancia del mantenerse “despierto” reside en no volverse vulnerable a la manipulación y disfrutar de la realidad sin mediaciones.

Creo que el film resulta excelente para la reflexión acerca de cuál es el rol de los medios de comunicación y entretenimiento hoy en día en nuestra sociedad. Hasta dónde llega el interés de entretener al público y dónde comienza la dispersión de la realidad. Tampoco debemos pasar por alto cómo influye el mundo del mercado y por sobre todo, las imposiciones ideológicas.

Comments

Comentarios Cerrados